Y no es de extrañar que no te quiera
pues ni a mí puedo quererme.
Y no es de extrañar que no te quiera
porque, aunque quisiera,
no quiero quererte.
Y no es de extrañar que no me muera
pues no hay mayor amor
que la muerte.
Y no es de extrañar que a mi manera
metí el amor en una botella
que viaja por mar adónde ella quiera
para que yo ya no quiera quererte.

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