- Y te miro, y te rozo, y te gozo. Y te pintaría, te fotografiaría, te escribiría.
- ¿Me pintarías?
- Sí, pero no te pintaría a ti, pintaría en ti.
Dejaría caer la pintura púrpura aquí, en tus rodillas, para que chorreasen gotas hasta estos dedicados dedos en los pies. De tu ombligo saldría una espiral amarilla, espiral que tendría dos salidas. La primera subiría, tímida, a esconderse entre tus pechos. Pechos que pintaría enteros de blanco. La segunda bajaría, curiosa, hasta encontrar el vello púbico, flanqueada por dos líneas azules que dictarían dónde termina el cuerpo y comienzan tus sensuales piernas. En las nalgas dos grandes manos rojas y subiendo, sinuosa, una línea negra por la columna, dividiendo la espalda en dos partes. A la izquierda lloraría un poema de amor y vida, a la derecha gritaría uno de dolor y muerte. Y en tu frente, una luna, y tus labios, rojos.
Unos labios rojos que no me cansaría nunca de besar.
- Píntame.

No hay comentarios:
Publicar un comentario