lunes, 14 de enero de 2013

Fundido de entrada



No se habla de poesía
cuando la luz nos ciega,
ni cuando el barro no nos deja seguir.

No se habla de poesía 
cuando una herida se abre
y brota de ella tinta
y sudor
y miedo.

No se habla de poesía
en los entierros,
en las perreras,
en las palizas a niños,
en las camas redondas,
en los ayuntamientos,
en los accidentes de tráfico
o en las calles.

No se habla de poesía
a la deriva en el mar
o desnudos en el hielo
o en los pies
o en tu pecho.

No hablamos de poesía
en los periódicos
ni en la tele
ni en la imaginación
ni en el baño.

Ni cuando el lobo huye
de sus cazadores,

ni cuando lloras lágrimas
de cera,

ni cuando eyaculamos,

ni cuando asesinamos.

No hablamos de poesía,
pero ella siempre está ahí,
hablándonos al oído
desde dentro.

¿La oyes ahora?

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